Creación del 1º Hospital Municipal
En el año 1886 "la difteria y la viruela hacían
sus estragos entre la población". El 4 de abril de 1887
una ordenanza municipal expresaba: "Visto el desarrollo que
toma la difteria en la localidad y haciendo uso de las facultades
concedidas por HCD la intendencia resuelve: "Quedan prohibidos
los velorios, la concurrencia en más de un carruaje en los
acompañamientos de los cadáveres de diftéricos".
Las epidemias se sucedían, y como siempre y fatídicamente
afectaban los asentimientos de inmigrantes, según deja constancia
la ordenanza del 11 de abril de 1887, donde se señala que
"Habiéndose producido numerosos casos de viruela entre
los inmigrantes picapedreros, llegados últimamente a las
canteras de los señores Maderni y Cía, situada en
el cerro de Los Leones y a fin de evitar la propagación por
el contagio de esta enfermedad", el Intendente resuelve:
Articulo 1) Poner en observación por el término de
quince días a los 80 inmigrantes recién venidos a
las canteras de los señores Maderni y Cía... etcétera,
etcétera...
En virtud de la importante función que comenzó cumplir,
ocho años más tarde y en medio de estos episodios
la Municipalidad -que a la sazón contaba sólo con
un local para aislamiento de enfermos- dispuso adquirir el Asilo
San Juan, con el fin de "dotar al pueblo - según establecía
la ordenanza respectiva- de un Hospital Municipal". El terreno
y el edificio fueron comprados en la suma de tres mil pesos y los
muebles y demás elementos, fueron donados por la logia masónica.
La entrega de los bienes estuvo a cargo del presidente de la misma,
don Carlos Maria Dhers, recibiéndolos en nombre de la comuna,
los vecinos Román Alconada, Juan Bautista Echeverria, Ramón
R. Gómez y los doctores José Fuschini y Fernando Peré.
Estos últimos emitieron enseguida un informe, señalando
que resultaba imprescindible realizar reformas en el edificio, construyendo
un salón para operados, letrinas, un cuarto de baño
y un saloncito para aislados, remplazando el revoque en barro por
otro de cal.
Este hospital estaba dividido en dos secciones: Clínica
médica (a cargo del Dr. Peré) y cirugía (a cargo del
Dr. Fuschini), atendidas por turnos trimestrales
por los médicos que existían en la ciudad.
A fines de agosto de 1888, fue creado el puesto de médico municipal,
con un sueldo mensual de 100 pesos, nombrándose para desempeñarlo,
por turno, a los doctores José Fuschini, Fernando Peré,
Ignacio Lizarralde y Camilo Gil. Fue establecido también
el puesto de conserje, con un sueldo de 50 pesos, nombrándose
para ocupar el mismo a Benito Somoza. Y el de enfermeros - con 30
pesos mensuales designándose a Evaristo Somoza y Virginia
Gatti. En 1893 se incorporan el doctor Alberto Vivot y en 1897 Ricardo
López. Dos años después, se sumarían también
los doctores Alfonso Esquerdo -recibido en España, donde
había sido catedrático- Gatti, Fernández
Blanco, Vernetti Blina que fue el primero en traer aparatos de rayos
X a Tandil - Marcelino Aravena, Lamadrid y Gustavo Jascinsky. Hasta
que se construyó una sala especial para operaciones, éstas
se hacían en la mesa de la farmacia. Había 60 camas
y carecía de aparatos especiales de esterilización.
Los médicos realizaban entonces las visitas a domicilio,
por lo general en berlinas tiradas por caballos. El doctor Vernetti
Blina -figura peculiar de la época- con su barba abundosa,
su característico sombrero negro y su jacket, atendía
al vecindario movilizándose en bicicleta.
El Hospital satisfacía la demanda poblacional aunque su edificio
ya se encontraba algo deteriorado. En 1897, fue designado el Dr. Ricardo
López como Director del Hospital Municipal, quien desde esa fecha y por
varias décadas se constituiría en otro de los pilares de la
salud en Tandil.
Si bien la atención de la salud disponía de servicios como
los ya comentados, en lo que fue importante la labor de las sociedades mutuales,
un hecho desgraciado como lo fue el fallecimiento del pionero Ramón
Santamarina, en 1904, devino en una obra extraordinaria que tiene hoy una
vigencia plena.
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